¿Y si la hucha está rota? La sostenibilidad de las pensiones en España a examen
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Hay una conversación incómoda que solemos evitar en las cenas familiares. Se queda flotando en el aire cuando alguien saca el tema de la jubilación, entre un sorbo de vino y una risa nerviosa.
La frase suele ser: «Bah, para cuando nos toque a nosotros, no habrá nada».
Lo decimos como quien habla del tiempo, con resignación. Pero el otro día, leyendo el artículo del Financial Times traducido por Expansión (¿Puede Europa seguir permitiéndose sus generosas pensiones públicas?), esa resignación se me convirtió en un nudo en el estómago al cuestionarme la verdadera sostenibilidad de las pensiones en España.
El titular no era alarmismo de bar. Era una advertencia contable de la biblia financiera europea: Europa se está gastando el 47% de todo su presupuesto social en «vejez y supervivencia». Casi la mitad del dinero que tenemos para protegernos se va en pagar el pasado, dejando muy poco para construir el futuro.
Llevo días dándole vueltas a mis propias reflexiones y cruzándolas con los datos fríos. Y la conclusión no es política, ni ideológica. Es puramente matemática.
Y las matemáticas, a diferencia de los políticos, no mienten para ganar elecciones.
La sostenibilidad de las pensiones en España: ¿Estafa piramidal o demografía?
Seamos brutalmente honestos. Si yo te propusiera un negocio donde los nuevos inversores pagan los rendimientos de los antiguos, y te dijera que para que funcione necesitamos que siempre entren más nuevos inversores que los que salen… me llamarías estafador. Me dirías que es un esquema Ponzi.
Nuestro sistema de pensiones es un sistema de reparto. No hay una hucha con tu nombre donde se guarda tu dinero (ojalá). Lo que te quitan de la nómina hoy entra por una puerta de la Tesorería de la Seguridad Social y sale por la otra para pagar a un jubilado actual.
Y aquí hay una verdad incómoda que a menudo olvidamos cuando pedimos más prestaciones: para que el reparto funcione, alguien tiene que generar esa riqueza primero.
Los servicios sociales y las pensiones no los paga «el Estado» con una máquina mágica; los paga el que madruga hoy para ir a trabajar. Si esa base de trabajadores se reduce, no hay de dónde repartir.
Esto funcionaba de maravilla cuando la pirámide de población era, efectivamente, una pirámide. ¿El problema? Que esa pirámide hoy parece una peonza. O peor, un pino invertido.
El síntoma del expolítico
Fíjate en un detalle curioso sobre Albert Rivera. Hace un año, más o menos, en un podcast relajado (BLV – Episodio 62, con José Elías), dijo claramente que el sistema tiene «componentes de estafa piramidal».
Lo irónico es que, cuando estaba en activo y tenía poder, su partido proponía reformas, sí, pero nunca con esa crudeza. Es el síntoma eterno: el político en activo tiene incentivos para dorarte la píldora (necesita tu voto hoy); el expolítico ya no tiene nada que perder y se atreve con la verdad incómoda.
Si esperamos a que el BOE nos diga que el sistema quiebra, llegaremos tarde.
El dato que explica por qué te sientes rico (y la trampa de la media)
Para entender la magnitud del problema, tenemos que hablar de la Tasa de Sustitución. Básicamente, es el porcentaje de tu último sueldo que cobras como pensión pública.
- En Alemania, esa tasa ronda el 48%. Si ganabas 2.000€, te quedan unos 960€ de pensión.
- En España, esa tasa supera el 80%. Si ganabas 2.000€, te quedan 1.600€.
Leemos esto y pensamos: «¡Qué bien, nuestro sistema es más generoso!». Y es verdad que, sobre el papel, protege mucho al trabajador estándar —aunque eso no consuele a quien sobrevive hoy con una pensión mínima de viudedad o no contributiva, cuya realidad sigue siendo precaria—.

Pero esa generosidad porcentual del 80% para el grueso de los jubilados es como celebrar que gastas más en la tarjeta de crédito que tu vecino alemán, sin mirar si tienes saldo para pagarla el mes que viene. Estamos prometiendo sueldos de Alemania con una demografía que no soporta esa estructura.
La Luna y el Cohete
El error de base es que imaginamos la pensión como un Derecho inamovible, algo que está ahí colgado en el cielo como la Luna. La vemos, nos pertenece, y nadie nos la puede quitar.
Pero se nos olvida que, para llegar a la Luna, necesitas un Cohete.
La Luna son las promesas legales (revalorización con el IPC, tasas del 80%). El Cohete es la economía real (los trabajadores activos y su productividad). El drama actual es que hemos legislado una Luna enorme y brillante, pero tenemos un Cohete cada vez más pequeño y con menos combustible.
Los políticos se dedican a prometernos que la Luna no se toca. Pero nadie se atreve a decir que el Cohete no tiene potencia para llegar a ella.

La solución «Sareb» (y por qué esta vez es peor)
Entonces, ¿me voy a quedar sin pensión? ¿El sistema va a desaparecer?
Quiero ser muy claro con esto: NO.
Tu pensión está garantizada por el Estado. Nadie va a salir mañana en el Telediario a decir «se acabó, bajamos la persiana». Eso sería un suicidio social y ningún gobierno lo permitirá. El ingreso llegará.
El problema no es si cobrarás, sino las dos variables que nadie te garantiza: cuándo cobrarás (¿a los 67, a los 70, a los 75?) y cuánto cobrarás en poder adquisitivo real (¿te dará para vivir o solo para sobrevivir?).
Lo que va a ocurrir es una operación de rescate silencioso, similar a lo que pasó con la banca y la Sareb, pero con una diferencia fundamental.
En la crisis de 2012, pudimos coger los «activos tóxicos» (los pisos invendibles), encapsularlos en un «banco malo» y apartarlos del sistema. Pero con las pensiones no hay activos que apartar. No puedes meter a los pensionistas en una sociedad aparte.
La deuda aquí no es un ladrillo estático, es una promesa de pago mensual infinita. Como no se puede encapsular el problema, la única solución es diluirlo. El Estado hará lo único que puede hacer: transferir dinero masivamente de otros impuestos para tapar el agujero mensual mientras aplica un recorte lento pero constante. No será una quiebra explosiva; será una erosión lenta.
Así es como se parcheará la sostenibilidad de las pensiones en España: no con una quiebra, sino con una pérdida lenta de poder adquisitivo.
La Reduflación de tu futuro: Pagar más por menos

Y aquí viene la parte que nadie te explica. Ese dinero extra que el Estado inyectará para tapar el agujero no cae del cielo.
Da igual si lo sacan subiendo el IVA, emitiendo Deuda (impuestos futuros que tendrán que pagar tus hijos y el mío) o imprimiendo dinero (inflación). Sea cual sea la vía, la pagas tú.
La paradoja matemática a la que nos enfrentamos es cruel: a nuestra generación le va a tocar hacer el mayor esfuerzo fiscal de la historia (sostener el sistema vía impuestos generales) para recibir la prestación más ajustada de la historia.
Es como si te obligaran a pagar un menú degustación en un restaurante con Estrella Michelin y te sirvieran un pincho de tortilla de supermercado calentado en microondas. El restaurante no cierra (comida hay), pero se te queda cara de tonto cuando te traen la cuenta.
La paradoja de Sánchez y la Mochila Austriaca
El artículo del Financial Times y muchos expertos hablan de la «Mochila Austriaca»: un sistema donde cada mes la empresa mete dinero en una cuenta a tu nombre. Es capitalización real, no reparto.
Curiosamente, ¿sabes quién propuso esto formalmente en España? El propio Gobierno de Pedro Sánchez.
Y no fue un rumor de pasillo ni un plan lejano. Quedó escrito negro sobre blanco en el Programa Nacional de Reformas 2019 que su Ejecutivo envió a Bruselas. En la página 45, se comprometieron literalmente a la «implantación gradual de un sistema de cuentas individuales de capitalización» (el nombre técnico de la mochila) para modernizar el mercado laboral.
¿Qué pasó? Que la realidad política (y sus socios de gobierno) enterró esa página en el cajón de las buenas ideas incomprendidas. En España, las matemáticas a menudo mueren a manos de la ideología. Así que, aunque la idea estaba firmada ante Europa, no esperes que llegue a tiempo para salvarte.
Tu plan de escape
La conclusión no es el miedo. El miedo paraliza. La conclusión es la responsabilidad radical.
Si la pensión pública (La Luna) depende de un Cohete averiado y de un «cine en blanco y negro» cada vez más caro, tú necesitas construir tu propio vehículo.
- Acepta el recorte: Asume hoy mismo que la pensión pública existirá, pero cubrirá solo el 50% de tus necesidades reales.
- Crea tu sistema mixto: No hace falta ser un genio. Necesitas un sistema sencillo, como el de los 3 cajones, donde una parte de tu dinero se vaya automáticamente a inversión a largo plazo (fondos indexados, planes de pensiones privados, etc.).
- Usa el tiempo a tu favor: El interés compuesto es la única fuerza capaz de batir a la inflación y a la demografía.
La prueba del algodón: Las residencias
Y déjame acabar con una reflexión que me duele. Olvídate del futuro apocalíptico. Mira el presente.
Hoy, con las pensiones «altas» que tenemos, muchos jubilados no pueden pagarse una residencia digna si la necesitan. Una plaza privada cuesta entre 2.000€ y 3.000€ al mes. Incluso con la pensión máxima, vas justo. Con una media, no llegas.
Así que, pase lo que pase con el sistema público, la realidad es tozuda: o tienes ahorro privado acumulado, o tu vejez dependerá de la caridad o de la suerte. Y yo prefiero que dependa de mí.
¿Y tú? ¿Sigues confiando en que el cohete aguante o has empezado a llenar tu mochila?


