Carta a mi yo de 19 años: El espejismo de los 400 euros (y la paradoja del economista)
Son las tres de la madrugada. Si cierro los ojos, todavía puedo oler ese café de máquina de la recepción del hotel. Era sorprendentemente bueno, de esos que te mantienen alerta cuando el silencio del pasillo se vuelve pesado. Tengo 19 años. Llevo una corbata que me queda fatal. En mi casa nunca se estiló eso de vestir de punta en blanco y el nudo es un desastre; la pala es tan ancha que parezco un payaso de los noventa. Sobre el mostrador de madera descansa un libro abierto por la página 40: Introducción a la Macroeconomía. Aquí está la gran ironía de mi vida: la facultad me enseñaba a calcular el PIB de un país, pero nadie me explicó que gastar el 100% de…

