Por qué un conflicto a 6.000 km dispara la cuota de tu hipoteca variable
La semana pasada hablaba con mi madre sobre cómo consumían nuestros abuelos y me contó algo que hoy nos parece absoluta ciencia ficción. Mi abuela se compraba exactamente dos conjuntos al año: uno preparado para el frío del invierno y otro para el calor del verano. Iba a una de las pocas tiendas de confección de su ciudad, pagaba el precio que marcaba la etiqueta, y esa ropa tenía que durar años. No había competencia feroz ni opciones. Había escasez local. Hoy vivimos en una realidad diametralmente opuesta. Tenemos armarios y vestidores a reventar. Reponemos la ropa a golpe de clic, tenemos tecnología punta en el bolsillo y comemos alimentos de otros continentes a precios de risa. Y quiero dejar algo brutalmente claro desde el…
